Celsius 2025: conclusión final y cultura en redes
Está claro que la masificación que se vivió este año fue un hito en la historia del festival que trajo bastantes cosas positivas; fue la edición más grande de la historia del Celsius 232, con la mayor cantidad de visitantes, algo que sin duda debería ser todo un orgullo para los organizadores.
Lo positivo del Celsius 2025
Eso también significa algo muy positivo para las personas que llegan por primera vez al festival y descubren lo que otros fans llevan años disfrutando, así que seguro que fue algo muy bueno para ellos. Muchos de ellos siendo más fans de Brandon Sanderson que del propio festival, siendo un momento especial poder entrar y comprar en la tienda Dragonsteel, conocer a Sanderson e incluso pudiendo llegar a ver sus conferencias tras horas y horas de hacer cola.
Para los influencers también fue algo especial, pudiendo llegar a cubrir el Celsius más grande de su historia y viviendo la experiencia de una forma algo diferente a la del resto del público, tomando fotos y difundiendo el festival en redes.
Para la ciudad de Avilés también fue el mejor año, pues vio cómo el festival incrementó el turismo en la ciudad, con un montón de personas gastando en hoteles, restaurantes y en otras cosas dentro de la ciudad. Incluso es un hito importante para la literatura de género.
También los autores salen beneficiados este año, llegando a ganar mucha más visibilidad y más lectores con la posibilidad de descubrir sus obras. Mientras que los autores más grandes como Sanderson o Abercrombie, ven recompensados todos esos años de trabajo y esfuerzo con el cariño de sus fans.
Incluso para la propia literatura de género supone un hito importante, logrando que gracias a esto pueda ser más apreciada y tomada en consideración en el futuro, esperemos que sí.
Lo negativo del Celsius 2025
Aunque es una pena que, entre todo el jolgorio, quienes vean perjudicada su experiencia con el Celsius sean los antiguos fans del festival. Y no es que se haya vuelto una mala experiencia en general, pues como festival de literatura el Celsius 232 sigue conservando un nivel muy alto, con muchas actividades y presentaciones, un lugar donde conocer a los escritores de nuestras historias favoritas y descubrir nuevas lecturas para el futuro.
El problema es que la masificación sí pasa factura en la cercanía con la que antes se vivía todo, ya hablé de esto en la parte anterior de mi crónica; pero donde años anteriores podías entrar al auditorio y ver las conferencias de los autores más célebres sin problema alguno, ahora necesitas pasar horas haciendo cola para vivir la misma experiencia. Eso si estás dispuesto o puedes permitirte pasar ese tiempo haciendo cola, y no terminas renunciando a parte de las conferencias más grandes del festival al considerarlas inaccesibles. Y en verdad, eso afecta a la ilusión con la que se espera el festival, pues no es lo mismo que te anuncien a tu autor favorito e ilusionarte porque esperas poder verlo a saber que tal vez, aunque esté ahí, ni siquiera puedas verlo por toda la gente que acudirá al evento.
Un futuro incierto
También despierta una incógnita sobre el futuro del festival, pues aunque este año haya acudido mucha gente, gran parte de esas visitas se deben al fenómeno de Brandon Sanderson, un fenómeno no muy común ni presente en muchos autores. Pocos llegan a esta gran cantidad de fans, lo que podría hacer que el festival terminara dependiendo de Sanderson y de otros grandes autores para mantener esta gran cantidad de visitantes en futuras ediciones, afectando el equilibrio y el enfoque que por años ha tenido el festival: uno enfocado en la literatura fantástica, de ciencia ficción y de terror donde a todos los autores invitados se les da un trato equilibrado sin importar lo grande o pequeña que sea su fama.
O simplemente aceptar que próximas ediciones tendrán un número más reducido de fans visitándolo, algo que de hecho encaja con el espíritu del festival Celsius 232, al haber sido siempre un entorno cercano con sus fans donde vivir el amor por la literatura, y no algo centrado en escritores célebres.
Lo único que tengo claro es que el festival trató de mantener el mismo espíritu que años anteriores; sin embargo, la manera en que se ha organizado hasta ahora terminó quedándose pequeña para tanta gente, y en caso de que los números del público sean similares a los de este año o incluso aumenten, la manera en que se organiza el Celsius debería adaptarse a los nuevos tiempos. Aunque a veces cuesta cambiar cosas porque, tras años de realizarlas de una manera, incluso se han convertido en tradición, a veces es mejor cambiar la estructura externa de algo para lograr mantener el mismo espíritu, que empeñarse en no cambiar y terminar traicionando ese espíritu inicial.
Mi valoración personal
En mi caso, este Celsius 2025 ha sido un gran festival con sus buenos y malos momentos, los cuales he vivido de forma intensa y he tratado de plasmar en estas líneas de la forma más honesta posible. No sé lo que sucederá en el futuro, pero sí espero poder estar ahí para verlo, sobre todo porque el lugar en que vivo se encuentra muy cerca de donde se celebra el Celsius 232.
El discurso oficial en redes
Hace tiempo que escribí esta crónica aunque me tarde en publicarla; con la claridad de los meses puedo afirmar que no me decepcionó la masificación del festival, sino el silencio. En mi caso, vivo cerca, así que no me supone ningún problema acudir al Celsius 232, pero hay gente que viajó desde lugares como Madrid, Andalucía o mucho más lejos solo para encontrarse con colas de largas horas, y eso si no fueron de los fans a los que les fue imposible entrar al auditorio para ver a Sanderson y al resto de grandes autores. Y no es un decir: las colas del sábado empezaron antes de las once de la mañana y eran para las conferencias que empezaban a las cinco de la tarde. Seis horas de cola.
Así que me sorprendió la facilidad con la que el discurso oficial silenció todas estas experiencias imponiendo una imagen idílica de que este año el Celsius 232 había sido perfecto, como si todos estos problemas que he ido relatando a lo largo de mi crónica nunca hubieran existido. Un gran número de influencers destacados dentro de la comunidad literaria, resaltando aquellos más relacionados con el fenómeno Sanderson, te decían lo maravilloso y mágico que había sido todo, mientras te enseñaban fotos y vídeos dentro del auditorio que mostraban cómo, a pesar de las grandes colas y la gran asistencia, ellos sí habían logrado entrar al auditorio frente a un gran número de fans que se habían quedado fuera.
Incluso había portales que defendían las colas como algo normal porque el Celsius no era una alfombra roja, o algo así decían; y no, no es una alfombra roja, pero es que este año parecía Disneylandia en hora punta: colas infinitas, fotos con celebridades y tiendas de merchandising a rebosar. Fue más espectáculo que comunidad. Se perdió el foco porque, exceptuando a los fans de Brandon Sanderson, la comunidad literaria, y especialmente cuando se trata de literatura de género, es muy diferente a los fans de Disney o a los que visitan la Comic-Con. Para empezar, es una comunidad mucho más reducida pero mucho más cercana, y eso es lo que debería ser el Celsius 232: una comunidad que acerque a la literatura a los lectores, no un espectáculo que orbite alrededor de varias figuras clave y un montón de influencers. Así que lo sucedido me parece grave, porque cuando se finge que todo es perfecto, cuando se silencian las malas experiencias, se transmite el mensaje de que los fans que las han vivido no importan. Es como si involuntariamente se dijera a todos aquellos fans que por años han sostenido el festival que este año no tienen su sitio en el Celsius 232 de 2025.
El trabajo que han realizado los organizadores del festival Celsius 232 durante todos estos años ha sido maravilloso, y no me gustaría que la edición del 2025 empañara todo ese gran trabajo, pero no me puedo quedar callado cuando considero que las cosas no se han hecho bien. La masificación de este año, las colas fuera del auditorio y que gente se quedara fuera se puede comprender porque fue un fenómeno inesperado que sucedió de un año para otro, así que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. El problema es todo el discurso que se construyó después, un discurso que, en lugar de asumir lo que se hizo bien pero también lo que se hizo mal, pretendía ocultar todo lo que se hizo mal bajo la alfombra y fingir que nunca ocurrió, como si fueran pecados o crímenes horribles capaces de romper toda la magia construida y no, admitir que esta edición tuvo problemas no va a hacer peor al festival, solo lo hace más honesto.
Un simple tweet diciendo: «Lo sentimos por todos aquellos fans que no lograron entrar en el auditorio, reconocemos los problemas y prometemos aprender de ellos para seguir mejorando en próximas ediciones», no solo los hubiera hecho quedar bien con esa parte de los fans, sino que los hubiera consolidado como organizadores responsables que de verdad se preocupan por su comunidad. Y de paso, siento decirlo, pero hace tiempo que la comunicación del Celsius con los fans me parece un poco fría, muy de dar los mensajes necesarios para promocionar el Celsius, pero sin representar el trato cercano ni el sentimiento que se vive dentro del propio festival, siendo una comunicación más institucional y sin crear comunidad cercana en redes. Lo siento, tenía que decirlo porque, en mi opinión externa, deberían trabajar en ello.
La cultura del falso positivismo
Que ese tweet fuera sencillo pero que no se hiciera me hace preguntarme: ¿por qué no? ¿Y si se tratara de que, mientras muchos responderíamos algo como «no se preocupen, eso les sucede hasta a los mejores organizadores, nos vemos el año que viene», hubiera una parte que no se lo tomaría tan bien? ¿Y si hubiera una parte de la comunidad que lo vería como una debilidad y no dudase en tirarse al cuello de quien es capaz de admitir sus fallos con honestidad, incluso si se trata de organizadores que por muchos años han logrado acercar la literatura a muchas personas?
Entonces sería algo que iría mucho más allá del Celsius 232 y hablaría mucho más de la cultura en redes que vivimos. Una cultura donde por fuerza todo debe ser positivo y perfecto, donde en lugar de admitir errores y que se vea como un gesto valiente, se vea como algo que atacar, algo con la imagen perfecta que muchos se esfuerzan en construir.
Pues permitidme deciros que, en mi opinión, cuando hay problemas reales esa cultura del falso positivismo no se ve perfecta, no se ve buena, se ve falsa. Nada es perfecto, y por muy bueno que sea alguien o algo siempre va a tener defectos; por muy impecables que se traten de hacer las cosas siempre van a surgir problemas, y tratar de ocultar esos problemas bajo una superficie brillante no va a lograr que desaparezcan, solo que se acumulen hasta que terminen implosionando.
La cultura de la falsa positividad en la que vivimos no solo es hipócrita, también supone un problema cuando obliga a personas y organizaciones a alcanzar un estándar tan alto que es irreal, en la que los defectos no están permitidos.
No existe una solución fácil, y definitivamente no pasa por decirlo y ya, tampoco por esperar que solo cambie o decirlo mil veces hasta que pase; la solución pasa por tener criterio propio. Siempre van a existir personas que critiquen; existen las críticas constructivas que pueden ayudarnos a mejorar y las que no tienen nada de constructivo y solo destruyen. Pero está en nosotros la capacidad de escuchar las primeras e ignorar las segundas; si un comentario no aporta nada, ignorarlo y centrarnos en los comentarios que sí aportan, sean positivos o negativos. Lo único que hay que hacer es escuchar, reflexionar y aprender a diferenciar entre unos y otros.
No podemos controlar la cultura de las redes sociales, solo podemos controlar nuestro propio comportamiento ante ella. La única forma de cambiar este tipo de cosas es haciéndonos responsables de nosotros mismos, y que poco a poco otras personas también lo hagan. Aunque parezca poco, si haces un uso responsable y honesto de las redes sociales, serás una persona menos fomentando la toxicidad, la negatividad y la falsa positividad.
Camino al Celsius 2026
Actualización: pese a todo lo que se vivió en 2025, en esta semana de marzo parece que se aprendió de ello y el cartel de invitados anunciados mantiene un buen equilibrio que no parece propenso a repetir todo el colapso masivo vivido en 2025; aún es pronto para afirmar nada porque aún podría sorprendernos, pero me da buenas vibraciones, en plan que los organizadores están tratando de traer de regreso el espíritu del antiguo Celsius y no repetir el Celsius de 2025 con todo lo que eso supone. Espero poder contároslo en la crónica de 2026.





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