Crónica del Celsius 2025. Parte 4 [Viernes 18]
Nota: aunque la crónica la publique en febrero, la escribí poco después de asistir al festival.
El cuarto día me desperté con ganas de regresar al Celsius, esperando poder ver las charlas grandes de ese día, como la de Joe Abercrombie o Brandon Sanderson. Aunque mi ilusión venía con algo de preocupación, porque sabía que el día anterior mucha gente se había quedado fuera del auditorio durante el evento de Brandon Sanderson y Barbara Hambly. Me daba miedo lo que podría encontrar.
Grandes colas en el Celsius 2025
Dicha preocupación se demostró como acertada cuando llegué al lugar y me encontré con una cola kilométrica que iba desde la entrada del Parque Ferrera y avanzaba por gran parte de él. Nunca había visto algo así en el Celsius 232.
Para ese punto ya intuía que me resultaría imposible entrar. Aun así, me quedé esperando en la fila para ver si había algún golpe de suerte. Pero cuanto más tiempo pasaba en esa cola, más me daba cuenta de que sí, me resultaría imposible ver la charla de Abercrombie y muchas otras de ese día.
Más aún cuando me di cuenta de que esa cola no era la de las personas que esperaban entrar, sino la de personas que no habían podido hacerlo y aún seguían esperando.
Quedarme fuera del auditorio en las charlas importantes era algo que nunca me había pasado, así que me costó bastante asimilarlo.
Cuando lo hice, decidí que no tenía sentido seguir desperdiciando mi día de Celsius 232, así que me fui a la carpa para ver si podía disfrutar de otras charlas. Al menos era una oportunidad para ver la de escritores españoles, igual de interesantes, pero no tan reconocidos como Joe Abercrombie o Brandon Sanderson.
Charlas en la carpa de actividades
Ojalá hubiera llegado a esta conclusión antes, porque terminé llegando tarde a una charla que también me interesaba, la de Salitre y ceniza de Carlos Di Uriarte. Aunque aún no lo leí, estoy deseando hacerlo, porque siendo un autor español, este autor se ha convertido en un fenómeno comparable al de autores extranjeros, y siempre que eso pasa es una razón poderosa para prestar atención y apoyarlo. Ojalá sea señal de que algo está cambiando en nuestra forma de ver nuestra literatura nacional y la valoremos más.
Una vez terminó la charla de Carlos Di Uriarte, pude tomar asiento y de él no me movería durante las charlas de la mañana. Tras no haber podido entrar al auditorio una idea que ya había tenido en días anteriores cobró aún más fuerza: mientras que en otros Celsius 232 anteriores ibas de un lado a otro buscando las charlas que más te interesa ver, este año era diferente. Lo mejor era tomar asiento donde se pudiera y ver ahí todas las charlas que hubiera; la razón es porque posiblemente no encontrarás sitio al lugar al que fueras y que si tratabas de regresar tampoco pudieras encontrar un asiento en el sitio que dejaste atrás.
Eso me permitió asistir a la presentación del libro infantil Palabra de cabra escrito por Rafael Ordoñez y presentado por Ana Campoy. De la que tengo que decir que recuerdo poco de la presentación, aunque sí que el autor escribió sobre animales para poder contar una historia sin que nadie se molestara por las cualidades físicas de los elefantes o de otros animales, pues son animales.
Mucho más recuerdo la presentación de la saga de magos Liceo Septem por parte de Alba Quintas, quien tocó un montón de temas interesantes, haciendo que deseara comprar esta saga, aunque no lo haría en ese momento; pero el caso es que me gustaron mucho los temas que tocó Alba durante su presentación y lo que más recuerdo es mencionar como ella quería un personaje que fuera proactivo con lo que sucedía en la historia, en lugar de reactivo.
Luego vino la presentación de la antología Diez personas que arden, un libro de diez cuentos escritos por Ignacio del Valle y que tocan los temas más característicos del Celsius. Y si soy escueto es porque ha pasado tiempo desde que vi estas presentaciones y tiro de memoria para escribir la crónica en su mayoría. Ojalá pudiera recordar más, pero eso no se puede controlar. La mente se acuerda de lo que se acuerda, y en este caso es posible que sí hablaran del cambio de escribir las novelas, historias llenas de intriga, a escribir estos relatos.
Después vino la presentación de David Uclés sobre La península de las casas vacías que ganó el premio Kelvin de este año a mejor novela original en castellano y que trata la Guerra Civil. Recuerdo que el autor mencionó cómo su deseo no era que la novela se inclinara hacia un lado u otro, sino presentar los hechos como fueron, algo que no viene exento de críticas tanto de los de la izquierda como de la derecha. Aunque David Uclés mencionó la importancia de aceptar los hechos como fueron y aprender de ellos.
Y luego la mañana finalizó con una presentación que me gustó al momento de verla, pero que a día de hoy no recuerdo lo que se dijo más allá de que es otra novela que me interesa leer. Se trata de la presentación de No dejarás que la bruja viva, escrita por Ariadna Arias. Así que es muy probable que la conferencia fuera sobre brujas y sobre cómo fue publicar esta novela, siendo la primera publicada por Ariadna Arias.
Y así fue como no cumplí mi objetivo, que era entrar al auditorio para ver la charla de Abercrombie sobre Los diablos, pero sí conseguí mantener mi asiento en la carpa de actividades y asistir a diferentes presentaciones, que también resultaron muy interesantes, así que al menos cumplí mi objetivo de seguir disfrutando del Celsius como pude.
Plan fallido para conseguir entrar al auditorio
Mi plan a partir de este punto era quedarme a comer en Avilés y regresar al Celsius temprano para así poder entrar al auditorio y ver las conferencias de la tarde, pero muchas más personas debían de haber pensado lo mismo y, cuando llegué, ya había una cola bastante destacable, siendo alrededor de las dos de la tarde y las conferencias a las cinco, es decir, quedaba mucho tiempo de espera, unas tres horas para poder entrar al auditorio. Así que me desmoralicé y renuncié a ver también las conferencias de la tarde.
Y puedo decir que pasar de Celsius anteriores, donde siempre encontraba un sitio en ese auditorio aún día entero donde era imposible entrar a ninguna de esas conferencias es bastante desmotivador como antiguo fan del Celsius, una ruptura fuerte de la ilusión que siempre me había hecho el Celsius. Pues ya ni podría ver a Abercrombie, ni a Sanderson, ni a Barbara Hambly. Una autora que había leído ese mismo año para el Celsius para después no ver ninguna de sus conferencias. Quieras o no eso cambia la perspectiva que se tiene sobre el Celsius y la forma en que se espera cada año, no es lo mismo que te anuncien a autores que podrás ver a que te anuncien esos mismos autores cuando es muy probable que ni siquiera vayas a poder verlos.
Presentación de Iván Ladesma y LisaTuttle
Debo decir que tuve ganas de marcharme para casa y ya no volver, pero obviamente no hice eso. En su lugar espere a que fuera la hora para entrar a la carpa de actividades y ver el encuentro con Lisa Tuttle que presentaba su nuevo libro: Mi muerte.
Llegué justo para ver la charla anterior, en la que Jorge Iván Argiz presentaba a Iván Ladesma y su nueva novela El llanto del cuco. Es una novela muy interesante, desgraciadamente no soy capaz de relataros lo que se contó durante la charla.
Puedo decir que es algo muy bueno que una autora como Lisa Tuttle tenga su presentación fuera del auditorio porque así me fue posible verla. Mi muerte es una novela corta que fue nominada a mejor novela de terror, aunque Lisa Tuttle afirma que para ella no es una novela de terror.
Aunque había aprendido que lo mejor era quedarse en el sitio que consiguieras para poder seguir viendo algo, tras esa presentación salí de la carpa para despejar la mente. Y así hablar con los de la editorial Alberto Santos, y algo que no dije es que este día llegó mi amigo Esteban Díaz al festival y le compré su nuevo libro de relatos: Historias desde el ocaso.
Se rompe la ilusión
También me volví a acercar al Parque Ferrera para ver cómo avanzaban las cosas y sí, aún había gente esperando a entrar. Fue algo impresionante, pues las cosas seguían igual de inmensas, con el agravante de que, no estoy seguro y puedo estar equivocado, pero según me enteré de que los que entraron por la mañana se quedaron en el auditorio todo el día, así que muchos se podrían haber quedado en la cola todo el día, o al menos hasta que no pudieron más y se fueron. Por otra parte, me puse en la cola para la sala de conferencias, pero sabiendo que Katherine Vega daría una charla junto a J. V. Gachs en la carpa que quería ver, así que decidí ir a verla en lugar de seguir esperando.
Llegué a tiempo, justo en la charla anterior. Al llegar a medias y no verla en el programa, no supe cuál era de primeras, tuve que investigar un poco para saber que se trataba de la presentación de Proyecto mostaza y Cuatro dormitorios con piscina de Inés Galiano, que se realizó más tarde, con Talita Isla como moderadora.
Tras esa presentación vino otra que tampoco me acordaba hasta que repase las fotos maquetando el articulo, la de Con pájaros muertos de José Luis Pascual, misma persona que Pascual, misma persona con la que ahora estoy realizando la lectura conjunta de Audición de Ryu Murakami. Y no me preguntéis de que trato porque parece que mi estado mental no era el más adecuado en esos momentos, pues borre la charla de mi mente e incluso solo tomé una fotografía de la presentación, siento que tenga mala calidad.
Luego ya llegó el momento de la conferencia que esperaba, y no llegué a saber por qué, pero J.V. Gachs no estaba y ahí solo se encontraban Katherine Vega y Lin Carbajales. Aun así, fue una charla interesante, pues hablaron sobre cómo se trata el sexo en historias de terror, que incluían bastantes películas míticas de este género, y también se mencionó la regla sobre quién tiene sexo en estas historias se muere, así como la atracción que algunas personas sienten por los asesinos en serie.
Después vino una charla sobre brujas, y lo cierto es que yo esperaba que tratara más sobre el papel de las brujas en la literatura y la manera en que se usan en las historias. En realidad, me pareció que trataba más sobre la caza de brujas, un tema interesante en cualquier otro día, pero en ese momento no tenía mucho interés.
Lo cierto es que, por mí, habría estado en la conferencia de Sanderson, una sensación amarga que solo se incrementó cuando en X veía todas las publicaciones de las personas que sí habían logrado entrar. Ya que tenía esa sensación de: “me encantaría estar ahí y no aquí”. Y lo que realmente dolía no era solo no poder asistir a esas conferencias, sino saber que cualquier otro año anterior sí que habría estado en ese auditorio, disfrutando de la magia que ahora solo podía ver a través de la pantalla y redes sociales. Saber que no es solo perderse conferencias, sino un cambio en el espíritu del Celsius 232 que por tantos años había disfrutado.
Eso hizo que me fuera imposible conectar con la charla y que decidiera que lo mejor era retirarme y tomarme un descanso del Celsius 232. Así que simplemente salí de la carpa de actividades y me marché para casa.
El Celsius 232 ya no es como siempre fue
Lo cierto es que vi mucha alegría y celebración por redes, pero me cuesta creer que mi experiencia sea algo único y que no hubiera más personas que vinieron años anteriores y no sintieran algo parecido a lo que sentí yo, sobre todo aquellas personas que permanecieron mucho tiempo en la cola y ni siquiera pudieron entrar al auditorio.
Al menos yo sí sentí que todos los años anteriores vivía esa magia desde dentro y ahora lo hago desde una pantalla, sin garantías de que vaya a poder ver a cualquier autor que se anuncie para el próximo año, lo que diluye mucho mi ilusión.
Otra cosa que noté es que, mientras en años anteriores lo que importaba eran las conferencias y conocer a nuevos autores para empezar a leerlos, este año lo que destacaba, al menos lo que aparecía en redes sociales, eran las sesiones de firmas y no tanto los eventos que ocurrían en el propio festival. Conocer por unos momentos a Sanderson, lograr entrar en la tienda Dragonsteel y cómo les firmaron el propio Sanderson, Abercrombie o Kristoff. Algo que es normal que haga ilusión cuando vives tu primer festival, pero que es triste porque antes lo que se vivía era disfrutar de estas charlas con tranquilidad y luego salir para conocer a los autores y que te firmaran sus libros. Era un conjunto, no una experiencia exclusiva. Así que, para quien ya lleva visitando el Celsius en numerosas ediciones, es como ver a alguien que llega a un nuevo restaurante y celebra por todo lo alto el postre que le ponen, cuando tú sabes que antes te ponían un primer plato, un segundo y ya después tocaba ese gran postre.
Los organizadores no tienen la culpa
Aunque también vi por redes cómo echaban la culpa de todo a los organizadores y a la mala planificación, y en realidad no creo que sea algo justo. Es cierto que esta edición no brilló por su buena organización, pero no hay que obviar el contexto en que se celebró este festival.
Este crecimiento sucedió de un año para el otro, y aunque se conociera la fama de Sanderson, nada presagiaba en la edición de 2024 que algo así iba a ocurrir. No es la primera vez que Sanderson acude al Celsius, por lo que nada podía presagiar que su presencia vendría con una masificación del festival y una oleada de fans nunca antes vista. Así que se podría comparar con una playa teniendo que hacer frente a un tsunami gigantesco cuando nunca había tenido que hacer frente a uno. Nadie podría haber presagiado algo como esto, y aunque pudieran haberlo hecho, el festival no se organiza en un par de meses, sino que es el trabajo de todo un año, por lo que es posible que cuando se dieron cuenta de que algo así iba a ocurrir, ya era tarde para tomar medidas al respecto. Así que, en lugar de cambiar la organización para adaptarse a este nuevo fenómeno, tuvieron que tirar adelante con lo que tenían.
No puedo saber lo que hay en las cabezas de los organizadores del Celsius porque apenas los conozco, solo los veo en las diferentes charlas Celsius que se celebran cada año, pero sí puedo saber que esta es la decimocuarta edición, así que llevan muchísimos años haciendo un excelente trabajo organizando el Celsius 232, siempre con la misma ilusión y tratando de mantener el espíritu del festival cercano con sus fans. Si el Celsius existe y ha llegado tan lejos es gracias a su gran trabajo. Así que los principales interesados en que el festival salga bien y todos disfruten de su magia son ellos mismos.
Futuro incierto
Por lo que deseo de corazón que hayan tomado nota de lo sucedido en esta edición y que eso les sirva para mejorar el festival en el futuro. Lo cierto es que este gran cambio en el festival de un año para otro abre un futuro incierto: podría quedar como un hito histórico y los próximos festivales volver a ser de un tamaño más reducido, o podría seguir masificándose, en cuyo caso, la manera en que se celebra el festival debería adaptarse a esta nueva realidad. La manera en que se realiza el festival ya es mítica dentro del Celsius 232 por haberse realizado de esa manera durante muchos años; sin embargo, a veces hay que cambiar las cosas más externas para poder asegurarse de que el espíritu del festival se conserve.
De cualquier modo, la vida sigue y aún me queda publicar la parte final de esta crónica, así que espero que sigan deseando leerla.













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