Al final del túnel. Parte 1 (Relato de terror slasher)

 El lugar estaba oscuro, como la boca de un lobo. Así se sentía Carolina al adentrarse en esos túneles: entrando directamente en la boca del lobo. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? En algún lugar de esos túneles se encontraba su hermana y la necesitaba.

Siempre habían sido muy unidas, y su ausencia era como si hubiera perdido una parte importante de sí misma. Nada podría haber impedido que saliera en su rescate en cuanto recibió la noticia de su desaparición. Su búsqueda la llevó a un lugar recóndito y apartado de la civilización. 


Habían sido días de una búsqueda intensa hasta que encontró el rastro: una cabaña en la que se encontraban las pertenencias de su hermana sin señal de que algo hubiera ocurrido, solo una ausencia. Como en esas películas donde encuentran una casa llena de objetos pero ninguna señal de quién vivía en aquel lugar, como si de un momento a otro se hubieran marchado dejándolo todo atrás. 


¿Eso era lo que le había sucedido a su hermana? ¿Por qué se marcharía de esa manera? ¿Sin avisar a nadie? ¿Sin dejar nada atrás? ¿Ni siquiera una nota? Todo era muy extraño, aunque pareció aclararse un poco cuando encontró un móvil abandonado. No tenía batería, pero, por suerte, el cargador no se encontraba muy lejos. 


Tras ponerlo a cargar, cuando tenía un mínimo de batería para encenderlo, descubrió un mensaje de su hermana. No era un mensaje que alertara de algo extraño, solo comentaba que había encontrado una serie de túneles que iba a explorar. 


Gracias a ese mensaje, Carolina supo hacia dónde debía dirigirse a continuación. Tenía que encontrar esos túneles. Preguntando a los habitantes locales descubrió su localización. Eran túneles oscuros, solo iluminados por las amarillentas y tenues luces de emergencia.


Carolina se quedó inmóvil, observando la entrada del túnel de forma dubitativa. Un miedo muy profundo se apoderó de su interior, retrocedió un paso y tuvo la tentación de dar media vuelta y marcharse. Sentía que entrar en ellos era una terrible idea, como esas películas de terror en que llamas estúpido a un personaje por adentrarse en un lugar de mala muerte. Solo la necesidad de encontrar a su hermana la hizo desechar esa idea. Respiró hondo y dio el primer paso hacia la oscuridad.


Tras ese primer paso dio otro, y después otro, iniciando su travesía por esos aterradores corredores. Un silencio ominoso la envolvía haciendo que con cada paso su cuerpo se estremeciera. Su instinto estaba en alerta ante cualquier sombra o peligro que le saliera al paso. En parte agradeció que los túneles fueran largos y en línea recta, eso reducía las posibilidades de que cualquier cosa la sorprendiera en algún recobeco. 


No podía evitar la sensación de que era el personaje de una película de terror caminando hasta su muerte; le gustaría pensar que era la protagonista que encontraría a su hermana y saldría de ahí con vida sin importar lo que se encontrara. Otra parte de ella se sentía como un simple personaje secundario que moriría en cuanto el Jason Voorhees o Michael Myers de turno la alcanzara con su cuchillo. Aunque eso seguiría siendo preferible a tener un encuentro con Art The Clown en aquellos túneles. Cualquier cosa menos eso. 


Según avanzaba por el túnel comenzó a sentir una extraña sensación, como si alguien la estuviera observando. Se dio la vuelta e iluminó con la linterna, pero la oscuridad era demasiado densa y apenas pudo ver varios metros por delante. 


Respiró hondo tratando de tranquilizarse, pensando que esa sensación había sido producto de su propia mente. No era extraño, estar sola en aquellos túneles oscuros la estaba afectando, sabía que había sido una mala idea entrar en ellos y solo la necesidad de encontrar a su hermana la hacía seguir adelante.


Trató de insuflarse fuerza imaginando que era una de esas grandes heroínas que tanto admiraba como Xena, Ellen Ripley o Sarah Connor. No estaba en peligro mortal, solo era una de ellas en mitad de una gran aventura o una lucha por salvar el mundo. En parte era cierto, tal vez no salvaría el mundo, pero sí a una persona importante dentro de su propio mundo. 


Por más que se esforzaba, esa sensación de estar siendo vigilada no desaparecía, en su lugar se hacía cada vez más fuerte. Por instinto, volvió a mirar detrás suya y su corazón dio un vuelco mientras su sangre se congelaba al ver una sombra a su espalda, una sombra con forma humana pero que permanecía inmóvil mientras la estaba viendo. 


Se preguntó si ese sería el momento en que los personajes de una película de terror deciden investigar, no era su caso. Ella solo quería estar lo más lejos posible de esa sombra, tal vez si se acercara descubriría que era un objeto inofensivo y todo tenía una explicación; pero el instinto le gritaba que no importaba, la mejor idea seguía siendo mantenerse lo más lejos posible de esa sombra. 


Avanzó apresurando el paso, esperando dejar aquella sombra atrás pero al volver a mirar la sombra seguía estando a la misma distancia que antes, había avanzado con ella. Esa idea le dio escalofríos, se le congeló el aliento y sintió cómo su cuerpo temblaba. 


Quiso correr, pero se quedó congelada siendo incapaz de moverse del sitio. Entonces, la sombra hizo un movimiento y se escuchó un chirrido metálico contra la pared rompiendo el denso silencio. 


Carolina no pudo contener un chillido mientras su corazón daba un vuelco devolviendo la movilidad a su cuerpo, que salió disparado corriendo por los túneles. 


El pánico se había apoderado de ella y solo importaba mantenerse lo más lejos posible de aquella sombra, ya no era capaz de pensar en su hermana, solo en salir de aquel lugar. Solo podía correr, y correr, mientras el chirrido metálico no dejaba de inundarlo todo, tanto el silencio que antes reinaba en los túneles como su propia mente.


Carolina notaba su corazón desbocado con cada metro que recorría, su mente había abandonado cualquier pensamiento racional y se había entregado al puro instinto animal, su respiración acelerada inundaba sus pulmones, y su cuerpo solo era capaz de aguantar esa carrera debido al pánico que lo dominaba.


Su rodilla falló y eso hizo que su cuerpo se precipitara hacia delante hasta caer de bruces. Su torso chocó contra el frío suelo de aquel túnel, su cabeza solo se salvó de seguir el mismo camino gracias a que interpuso las manos antes de que llegara a su dolorosa trayectoria, aunque eso le pasó factura a sus codos, que sí terminaron por chocar. 


Sintió una presencia muy cerca suya y eso hizo que girara sobre sí misma, a tiempo para esquivar una hoja afilada que terminó estrellándose en el suelo emitiendo un chasquido metálico.


Con la poca racionalidad que le quedaba, Carolina iluminó a su agresor tratando de cegar su visión con un fogonazo de linterna directo. Funcionó. Una figura ataviada con una túnica de color rojo oscuro y un antifaz de tonos dorados se echó hacia atrás mientras colocaba una mano enguantada delante de los ojos para protegerse de la luz. 


Carolina aprovechó ese instante de distracción para volver a girar sobre sí misma, apoyar las manos en el suelo y apoyarse en codos y rodillas para levantarse. Sus codos le dolieron con esa acción, pero no había tiempo para quejarse, tenía que seguir corriendo. 


Salió corriendo esperando encontrar una luz al final del túnel, una salida que le permitiera escapar de toda esa locura. No fue así, lo único que encontró fue una bifurcación que dividía el camino. Se detuvo por unos instantes tratando de decidir qué camino tomar, cuál la sacaría de esos túneles, pero no tuvo demasiado tiempo para pensarlo. Sentía la presencia de su perseguidor cada vez más cerca, casi podía sentir su aliento en la nuca.  


Carolina se adentró en uno de los dos caminos deseando con todas sus fuerzas que la condujera a la salida. Sentía la presencia de su perseguidor detrás de ella y eso la llevó a acelerar el paso sin pensar en nada más. 


La mano de Carolina seguía aferrando fuertemente la linterna, sin darse cuenta de que en aquella oscuridad era como un faro que guiaba a su perseguidor directamente hacia ella. Ni siquiera la usaba para iluminar el camino que tenía delante. Estaba tan asustada que no era capaz de apuntar correctamente. Solo la mantenía en su mano haciendo que la linterna creara sombras amenazadoras a su alrededor. Cada una de ellas hacía crecer el miedo de Carolina impidiéndole pensar con claridad. 


Un golpe seco detuvo su carrera de forma abrupta. Carolina cayó hacia atrás sintiendo un fuerte dolor que solo aumentó al chocar contra el frío suelo. Por unos instantes, Carolina permaneció aturdida con todo su cuerpo golpeado. Únicamente el chirrido metálico la hizo reaccionar. Miró detrás de ella y no vio a su perseguidor pero sí podía escuchar cómo su cuchillo rozaba la pared del túnel mientras se acercaba. Estaba muy cerca.


Carolina iluminó la superficie contra la que había chocado descubriendo que se trataba de una puerta. Por primera vez, sintió una leve esperanza desde que se cruzó con aquel encapuchado. 


Se levantó con rapidez y trató de abrirla, no parecía estar cerrada con llave pero sí atascada. Carolina sintió un escalofrío recorriendo su espalda cuando el sonido le hizo saber que el asesino ya estaba ahí, muy cerca, lo suficiente para verla.


Carolina trató de abrir la puerta con desesperación y con cada intento lograba abrirla un poco más, pero también el asesino estaba un poco más cerca. Finalmente, la puerta se abrió lo suficiente para que Carolina entrara por ella, escapando por milímetros de una mano que trató de atraparla, pero no del cuchillo que le hizo un corte en el brazo. Carolina emitió un quejido sintiendo cómo su brazo le ardía por la herida. Eso no la detuvo, giró sobre sí misma y se lanzó contra la puerta para cerrarla ante las narices del asesino. 


No lo consiguió, el asesino ya había introducido su brazo por la rendija. Carolina empujó la puerta con todas sus fuerzas tratando de dañarle el brazo para que retrocediera. Deseó con todas sus fuerzas que le doliera. 


Cuando la puerta estuvo cerrada, Carolina suspiró aliviada, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba por unos momentos, solo para que volviera a tensarse ante los golpes. Su perseguidor, lejos de rendirse, comenzó a empujar la puerta dispuesto a tirarla abajo. 


Eso hizo que Carolina se alejara de la puerta y caminara acelerando el paso, pensando una y otra vez “por favor, que sea una salida”





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