Crónica de la Semana negra de Gijón 2026. Parte 4 [Jueves 9]

El mal en buena compañía

El jueves tuve complicaciones, pero me di prisa para llegar porque la primera charla se titulaba  El mal en buena compañía con las periodistas Rosa Montero, Claudia Piñeiro y Berna González Harbour junto con la moderadora Claudia Neira.

Lo cierto es que me imaginaba algo más profundo y psicológico sobre la naturaleza del mal y por qué ciertas personas hacían cosas horribles, ese tipo de cosas. En realidad, fue una charla mucho más emocional centrada en que estas periodistas nos contaran qué era para ellas el bien y el mal. 


Aun así, la charla resultó muy interesante porque se habló de cómo los escritores no escogen los temas que tocan, ya que las novelas son como sueños que se sueñan con los ojos abiertos; nacen del mismo lugar del inconsciente donde nacen los sueños. Así que, al igual que no se escoge lo que se sueña, tampoco se elige lo que se cuenta, sino que nace del inconsciente. Por eso todos los escritores escriben sobre las mismas obsesiones, siendo el mal o el dolor los motores de la creación.


También me gustó la respuesta de Rosa Montero sobre que el bien para ella era el amor, no el pasional sino el reconocimiento y la empatía entre seres humanos. Mencionó la evolución que tienen sus personajes al considerarlos misántropos que odian a todo el mundo, pero a lo largo de sus novelas van tratando con otros y relacionándose, por lo que terminan en una situación mejor que con la que comenzaron. Al aceptar necesitar a los otros, querer a otros y ser una persona empática que vive con los demás.


Al final, Rosa Montero termina dando una lección muy valiosa con la que me quedo de toda esta charla y es que el bien es ser bueno con los demás, siendo buena persona sin depender de las ideologías que crean infiernos en la tierra, intentando no hacer daño, intentando hacer el bien y querer a los demás, empatizar y sentir que todos somos uno. La verdad es que diría que esta respuesta fue de lo mejor de toda la charla.


Y debo decir que estoy completamente de acuerdo con lo de que tenemos que ser buenos los unos con los otros, porque las ideologías crean una ceguera intelectual que nos hace justificar y defender lo que hacen las personas que piensan como nosotros mientras atacamos a los que piensan de forma diferente. Y eso es justo lo que hace que fuerzas que no queremos que asciendan lo terminen haciendo, porque a sus ojos nos vemos como unos verdaderos hipócritas. Es decir, alimentamos a nuestros opositores con nuestra propia actitud, pero como la ideología nos hace carecer de una completa autocrítica, no nos damos cuenta y solo afirmamos que se debe a que el mundo es el que está mal, haciendo que esta situación sea imposible de solucionar. 


Y, claro, todo esto hace que arda el mundo, porque tenemos a dos fuerzas opuestas creyendo que ellas son las buenas de la película y que, por tanto, deben aniquilar a la parte contraria, haciendo que un entendimiento mutuo sea imposible y que en sus luchas terminen reduciéndolo todo a cenizas.


Por desgracia, la charla fue muy interesante, pero me tocó verla de pie porque ya había mucha gente cuando llegué, así que tomé la decisión de salir de la charla para buscar otro sitio o dar una vuelta por el lugar.



Salir de la ciudad

Pasando por la carpa de Quemarropa encontré que había asientos libres y entre uno de los ponentes se encontraba Luis Artigue, así que lo tomé como la señal de que había encontrado el lugar en que sentarme.


Se trataba de otra mesa redonda, esta vez llamada “Salir de la ciudad”; en esta charla se repasaba la literatura en lo rural y, cuando llegué a la carpa, estaban repasando cosas sobre los pueblos y cómo se siente vivir en ellos. Los otros ponentes eran Marta del Riego Anta y Óscar Reboiras, con Arantza Margolles como moderadora. 


La charla terminó con una recomendación sobre disfrutar de las novelas de vampiros y, si no se tiene un pueblo, buscarlo para ir a vivir en él, disfrutando de las cosas pequeñas.


Tras esta charla me tomé un largo respiro para ir a comprar un gran trozo de pizza y comerlo con tranquilidad mientras exploraba los puestos de comida, veía los puestos de libros, esquivaba a las señoras que vendían romero para leerte la mano y ocasionalmente charlaba con Alberto Santos en su caseta.


Gallos de poca casta de Gloria Trinidad

Regresé a las carpas para asistir a la presentación de Gallos de poca casta, de Gloria Trinidad. Una publicación de la editorial Alrevés que estaban presentando en ausencia de la autora.


La presentaron su compañero de la editorial Paco Gómez Escribano y su editor Gregori Dolz. Resaltaron de la novela que presenta un gran grupo de personajes: delincuentes, mafiosos y otros de dudosa moralidad. También resaltaron la gran calidad de la obra, tratándose del debut de alguien que se estrena a la hora de escribir ficción.


La chica muerta favorita de todos de Beatriz García Guirado

La siguiente presentación que se celebró en esa carpa fue  La chica muerta favorita de todos, de Beatriz García Guirado. 


Un libro que no es una novela, sino un ensayo sobre Elizabeth Short, una joven aspirante a actriz que fue víctima de asesinato y los medios la denominaron “La Dalia Negra”.


El libro de Beatriz García Guirado profundiza en la identidad de esta mujer tratando de descubrir quién era más allá de lo que se cuenta en el relato mediático. También repasa cómo se ha tratado este caso tanto por medios como por distintos escritores.


Mi amada Carlota de Marta Robles

La siguiente conferencia la vi en la carpa de la palabra; era la presentación de Mi amada Carlota, de Marta Robles, donde se habla, entre otros temas, del secuestro de bebés y cómo esto era usado como arma política.


En la charla se tocaron muchos de estos temas y cómo se usaba ese secuestro de bebés como arma, al quitarles a las mujeres de ciertos bandos sus bebés para después dárselos a personas del bando contrario.

Fosca de Imma Pelegrín

La siguiente presentación fue la de Fosca de Imma Pelegrín, una novela con mucha violencia vista desde la perspectiva de un niño y que ganó varios premios. Un perro tiene gran protagonismo en esta novela, lo cual es un punto muy positivo.


La charla trataba de la indefensión y el aislamiento, aunque he de decir que la abandoné a la mitad porque ya estaba un poco saturado y di una vuelta para ir a la caseta de Alberto Santos Editor y ver un libro que me interesaba de El Señor de los Anillos; ya no estaba.


Después, regresé a la carpa pero de camino vi otra charla en la carpa de A Quemarropa que parecía más animada, así que llegué a la carpa de La Palabra solo para volver a marcharme y entrar a la carpa de A Quemarropa. 


Salvate vos de Juan Carrá

La charla que estaba ocurriendo en la carpa Quemarropa era la de Salvate vos de Juan Carrá, que hablaba de la dictadura argentina pero desde un punto muy interesante: un asesinato bastante escabroso capaz de protagonizar cualquier película de intriga.


Fue una charla que mezclaba la historia con la novela negra, haciendo que fuera una charla muy interesante; lástima que llegué bastante tarde y no me enteré tanto como me habría gustado. El rato que estuve sí me gustó.



El reino de los hombres sin amor de Alfonso Mateo-Sagasta

La última conferencia que vi ese día también fue la mejor: la presentación de El reino de los hombres sin amor, de Alfonso Mateo-Sagasta.


Sagasta es un historiador con una idea muy concreta de España, según nos cuenta Luis Artigue en la presentación, haciendo referencia a otro escritor que también tenía su propia idea del país, como es Benito Pérez Galdós.


Mientras que Sagasta afirma que Isidoro Montemayor no es un pícaro, porque los pícaros tienen un fuerte enfoque moralista e Isidoro no lo tiene, él es un superviviente. 


También se comentó cómo el Alejandro Dumas de la literatura española no era Arturo Pérez-Reverte sino Alfonso Mateo-Sagasta, y eso fue suficiente para que decidiera apostar por ella.


La compré por esa sensación de que este autor y esta novela son de esos grandes libros que no solo no merman su presencia con el paso del tiempo, sino que siguen siendo referentes muchos años después, formando parte de la historia de la literatura española.


Con la compra de El reino de los hombres sin amor y la firma de Alfonso Mateo-Sagasta me marché del lugar para terminar mi largo jueves de Semana Negra.


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