Los videojuegos no son un lujo, son un bien de consumo

Los videojuegos no son un lujo, son un bien de consumo. Empiezo con esta afirmación, que parece tan obvia, porque, por alguna extraña razón, hay usuarios que no son capaces de entender la diferencia. Simplemente asumen que, si no es un producto de primera necesidad, entonces es un producto de lujo, cuando entre lo uno y lo otro hay un gran abismo.

Las empresas no son las únicas responsables de las subidas de precio

La frase “los videojuegos son un lujo” es una de las frases más dañinas del mundo de los videojuegos y lo más triste es que fue la comunidad quien empezó a decirla.

Los mayores defensores de las compañías comenzaron a decirla para justificar una subida de precio abusiva cuando lo hacía su compañía favorita. Y lo más triste es que las compañías tomaron nota de esta actitud y ahora los videojuegos cuestan 80 euros, incluso 90.


Solo porque parte de los usuarios comenzaron a defender a sus compañías favoritas, aunque actuaran de manera abusiva. Y como digo, no todos los usuarios, solo aquellos grupos más fanatizados por una compañía. Y claro, les parece bien si lo hace su marca favorita, pero ignoran que si una lo hace, el resto la seguirá. 


Este artículo lo iba a escribir para hablar de lo abusivas que se habían vuelto las empresas a la hora de poner los precios, pero luego vi un vídeo con la dichosa frase que condenó al mundo de los videojuegos: “los videojuegos son un lujo” y me di cuenta de que las empresas no eran las únicas culpables de esta situación.


Las empresas solo llegan hasta donde los usuarios les permiten llegar, de otra manera, quiebran. Si los usuarios se pusieran en banda contra una medida que les perjudica, la empresa recularía, pero muchas veces no pasa eso. 


Defender a las empresas tiene consecuencias

No son pocas las veces que, cuando suceden estas medidas y la gente critica, te salen fanboys de las empresas a decirte: “Es que antes estaba muy barato, los usuarios queréis todo gratis” o “pobrecita empresa multimillonaria, normal que suban los precios si los costes de producción subieron mucho”. Cuando la culpa de estos costes de producción también son culpa de las malas decisiones de las empresas, y son los usuarios los que pagan los platos rotos.


Pues no te preocupes, que estas pobrecitas empresas te subirán los juegos a 100 euros dentro de poco, para que tú no te tengas que preocupar por su rentabilidad. Y no es solo por hablar, Sony subió los precios a 80 y todos la siguieron, ahora algunos juegos de Nintendo ya valen 90 euros, y todos están esperando a ver hasta qué precio subirá el GTA VI para hacer lo mismo sin quedar de malos por haberlo hecho primero. Y curiosamente, los que tanto defienden las subidas de precio son los últimos en pagarlas, porque gastar es difícil, pero hablar es fácil. 


Las principales responsables de la situación actual son las empresas, pero cada usuario que defiende una medida contra el consumidor o sigue defendiendo un producto a pesar de que se ha convertido en algo abusivo para el consumidor es un cómplice. Porque, al igual que Charlie afirma en Dos hombres y medio: no puedes culpar a un cazador por aprovecharse de un ciervo que se subió al techo de su coche y se pegó un tiro en la cabeza; siendo cada usuario que cede ante estas medidas el ciervo, y las empresas ese cazador por aprovecharse

de los usuarios que se lo permiten.


Preocupémonos por el bien de los usuarios, no por el de las empresas

La buena noticia es que aún estamos a tiempo de cambiar las cosas si cambiamos nuestra mentalidad. Dejemos de preocuparnos, ni siquiera pensar, en el bien de las empresas, de sus intereses o su futuro; solo pensemos en nuestro bien como consumidores, que por el bien de las empresas ya se preocupan ellas mismas. Sobre todo dejemos de idealizarlas, o considerarnos fans de una compañía que le daría la patada a sus usuarios si eso la beneficiara.


Las empresas solo se preocupan de obtener beneficios, pues nosotros solo deberíamos preocuparnos de lo que esa compañía pueda ofrecernos. Ser como mercenarios que están con una compañía mientras eso les resulte beneficioso y, si no es así, pues si no te he visto no me acuerdo. Solo así podemos recuperar el equilibrio que se ha perdido.


Y claro, a nivel social es más difícil decirlo que hacerlo; las empresas siempre van a querer mostrarse como las buenas y que te preocupes por ellas, y siempre habrá personas que caigan en eso. Evitar eso está lejos de nuestro alcance, lo que sí podemos hacer es cambiar nuestra propia forma de pensar y actuar ante ello. Pensar si eso que están haciendo es bueno para los consumidores y, si no es así, no defenderlo. Y si alguien lo hace, ignorarlo sin importar si es la prensa, un gran influencer o un simple usuario. No comprar un producto ni adquirir un servicio si nos parece abusivo; esa es la manera de aportar nuestro granito de arena, y grano a grano se puede lograr algo grande.


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