El caballero caído (Relato fantasía crepuscular)


Mientras observaba su espada, no podía dejar de recordar aquellos días en los que su filo era brillante. En esos momentos, solo se veía una espada que ya comenzaba a reflejar el desgaste de los años, ya comenzaba a mostrar las primeras señales de oxidación y su filo comenzaba a mellarse. El brillo de esa espada ya era algo que solo existía en el pasado. 

Sus compañeros siempre le decían que solo era una espada, que era mejor cambiarla por una nueva. Una más adecuada a los nuevos tiempos, más reluciente, con un mejor filo. Sonaba demasiado bueno para ser cierto, pero él no se sentía capaz de sustituir su fiel espada. Demasiadas batallas libradas, demasiadas veces en que esa vieja espada significó la diferencia entre la vida y la muerte.


No podía reemplazar su vieja arma de la misma manera que no podía reemplazarse a sí mismo. Viejo. Roto. Así era como se sentía. En el fondo, su espada y él no eran muy diferentes: ambos empezaron con un resplandeciente fulgor que había ido perdiéndose con el paso del tiempo. Ambos eran piezas rotas y ajadas que ya no encajaban con lo que les rodeaba; solo eran reliquias de un tiempo que ya no existía.


Recordaba aquellos tiempos en que era un joven caballero que soñaba con aventuras y con lograr la gloria. Eran tiempos de luz y esperanza con el inicio del reinado de su gran rey, años en que los caballeros luchaban movidos por valores como el honor, la lealtad y la defensa de los inocentes y del propio reino. Un reino gobernado por alguien digno de admiración, que gobernaba con nobleza y pensando en el bien de sus súbditos.


Muchas cosas habían pasado desde entonces. Muchas batallas en las que había visto caer a muy buenos amigos y nobles caballeros. Uno a uno, el tiempo se había cobrado las vidas de todos aquellos que luchaban por la justicia y el honor; ahora quedaban muy pocos que seguían creyendo en los viejos ideales.


El propio rey se había hecho viejo y había dejado espacio a las nuevas generaciones, generaciones de gobernantes que no habían nacido bajo las dificultades que llevaron al rey a asumir el trono y a sus caballeros a seguirle. Gobernantes que habían crecido entre algodones y alejados de las necesidades de su pueblo. Herederos a los que solo les preocupaba el poder y las riquezas que ese puesto les podría otorgar.


En cuanto falleció el viejo rey, no tardaron en atacarse los unos a los otros como lobos hambrientos. Con esas disputas no solo se perdió la unidad del reino, se perdió el ideal de caballería; los viejos valores dejaron de importar. Las guerras se sucedieron una tras otra, pero la lucha había perdido todo su significado. Los caballeros ya no luchaban para defender el reino ni por proteger al inocente; solo luchaban para defenderse a sí mismos y al señor que mejor los recompensaba. No eran muy diferentes de mercenarios luchando por el mejor postor.


No, ese ya no era su reino ni le quedaba ninguna razón para luchar y, sin embargo, seguía haciéndolo. No lo hacía por defender los antiguos ideales, tampoco porque tuviera un señor por el que luchar; ganara quien ganara, ya había perdido, solo lo hacía porque era lo único que conocía.


Sabía que ya no había esperanza de recuperar el viejo mundo. El día que él cayera se perdería el último reducto de aquel antiguo reino que solo él recordaba, y sabía que eso no tardaría mucho en ocurrir. Su cuerpo le pesaba, su alma estaba cansada y su espíritu se estaba extinguiendo; ya sentía la sombra de la muerte acechando. Sentía sus dedos largos cada vez más cerca y su frío aliento sobre la piel. La próxima batalla podría ser la última.




Nota: El relato esta inspirado en una ilustración creada por la artista Anastasia Federova. Me habría encantado poder subirla, pero para evitar cualquier problema de copyright decidí no hacerlo. El texto es 100% humano, mientras que la imagen que puse es una creación de IA a partir de mi relato. Lo siento, no tengo dinero para pagarle a un artista cada vez que quiera subir uno de mis relatos a mi blog y de esta manera se refleja mucho mejor la atmósfera del relato que sacando una imagen genérica de un banco de imágenes gratuito.


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